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Erika López Arribillaga: “este estudio ayudará a ofrecer terapias concretas y personalizadas a pacientes con cáncer”

Conocer mejor los efectos de los tratamientos de quimioterapia en pacientes con cáncer de colon es el objetivo del estudio que está llevando a cabo la doctora urnietarra Erika López Arribillaga, del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, gracias a la beca concedida por la Asociación Española Contra el Cáncer. La investigación, al dar sus frutos, ayudará a ofrecer terapias concretas y personalizadas, teniendo en cuenta las circunstancias y características concretas de cada paciente.

López lleva 15 años en Barcelona, pero al ser urnietarra mantiene firme su vínculo con el pueblo y vuelve siempre que puede a visitar a su familia y amigos. Aprovechando que ha venido a pasar la Navidad en casa, nos hemos reunido con ella.

¿En qué consiste exactamente la investigación?

Me dieron una beca postdoctoral. Mi grupo de trabajo está formado por unas veinte personas y la mayoría son informáticos. En cambio, yo estoy en el laboratorio trabajando como bióloga. Algunos tipos de quimioterapia dañan el ADN. Las células por sí mismas tienen mecanismos que pueden remediar esos daños, pero no siempre se consigue reparar y se producen mutaciones.

Con esta investigación queremos saber qué le pasa al ADN al poco tiempo de administrarle quimioterapia. Por lo tanto, no queremos mirar las mutaciones, porque eso es una consecuencia, lo que queremos mirar es en qué zonas la quimioterapia hace daño, y también queremos conocer en qué zonas la célula resuelve especialmente ese dolor, porque así podremos saber en qué puntos tenemos que poner la fortaleza, en puntos que son más débiles.

¿Qué beneficios va a aportar la investigación?

La investigación que realizamos es básica, pero está orientada a la terapia personalizada, ya que cada cáncer es diferente. Si entendemos bien cada caso teniendo en cuenta su genoma y sus mecanismos de reparación, luego se puede elegir mejor qué terapia dará una mejor respuesta a cada paciente en función de sus características.

¿Puedes poner un ejemplo?

Supongamos que sabemos que el daño causado por un tratamiento no puede ser reparado por el tumor, pero sí por la célula de esa persona. En este caso puedes pensar que este tratamiento es bueno para este paciente, ya que el tumor no tiene mecanismos para reparar el daño y no importa que estas células mueran en el cáncer. Pero también sabes que las células de esa persona van a tener la capacidad de reparar ese daño. Por lo tanto, necesitamos esta investigación básica para entender qué es lo que ocurre en esas células, para luego desarrollar terapias concretas.

Recibir una beca de estas características no es nada fácil, y por lo tanto, estarás orgullosa de que tu proyecto haya sido seleccionado, ¿no?

En 2019, la Asociación Española contra el Cáncer sólo concedió 6 becas postdoctorales, lo que demuestra la dificultad de ser elegida. Además, mi proyecto fue el que obtuvo una valoración más alta, lo que supuso una gran alegría tanto para mí como para todo mi grupo. Se puede decir que ahora empiezo a recoger los frutos de todas las semillas que he plantado.

¿Qué hay que hacer para presentarse a esa beca?

Hay que presentar un montón de documentos: estudios, títulos, currículum y proyecto con todos sus apartados: cronograma, hoja de ruta, objetivos, retos y conocimientos, entre otras cosas. Además, se valoran mucho las publicaciones de los descubrimientos realizados por cada investigadora en el campo de la ciencia.

La competitividad también será grande.

Se presentaron cerca de 80 trabajos. Era la segunda vez que yo solicitaba esta beca. La primera vez no fue posible, pero esta vez sí.

Mucha competencia, e imagino que también mucha presión y autoexigencia. De hecho, la asociación que concede la beca esperará resultados.

Así es. Ahora empieza el trabajo de verdad. Es un gran reto pero estamos preparados y con ganas de afrontarlo. Además, con esta beca te sientes partícipe de este mundo. Una vez que la Asociación Contra el Cáncer te concede una beca sientes que te encuentras dentro de esa familia. Ellos también te hacen creer eso, muestran un gran interés por conocerte como investigadora y por conocer tus trabajos. En cambio, si la beca es concedida por el Estado, parece que es algo más lejano.

La investigación se está desarrollando en Barcelona, en tu lugar de residencia de los últimos años.

Llevo quince años en Barcelona. Los tres últimos con este grupo de trabajo. Tenemos el laboratorio en el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, que se ubica en el Parque Científico, junto al Camp Nou. Anteriormente, había estado 7 años en otro laboratorio, cuando hice la tesis, en el IMIM-Mar Hospital.

¿Cómo es gestionar un grupo de investigación?

Yo soy la responsable de este proyecto en concreto y el grupo está dirigido por la doctora Nuria López Bigas. Yo tengo que hacer el trabajo, pero tengo un equipo de informáticos detrás. Aunque cada uno se ocupa de su ámbito, colaboramos y realizamos muchas reuniones. Yo les explico los experimentos realizados, y ellos me aportan datos y gráficos para interpretarlos. Además, tengo alumnos y alumnas que están cursando una carrera universitaria o un máster conmigo, ayudándome.

¿Cómo es el día a día de una investigadora?

Miro el correo en cuanto llego al laboratorio. De hecho, nos mandan un montón de cosas y veo nuevas publicaciones, porque constantemente tenemos que aprender cosas nuevas y estar al día. Por otro lado, tengo células en una sala de cultivo y tengo que cuidarlas para que se mantengan bien para los experimentos. Así que también hacemos experimentos con células y también paso mucho tiempo en el ordenador porque tengo que escribir sobre lo investigado.

¿Por qué es importante hacer investigaciones?

Porque la investigación es la base principal del desarrollo. Sin investigación no se pueden aumentar los conocimientos. Por lo tanto, la investigación sirve para ampliar conocimientos, y ese conocimiento a su vez, para mejorar nuestra salud en el ámbito de la medicina. Otro tanto sucede en los demás campos. La tecnología, la maquinaria y las nuevas energías son también fruto de la investigación. Yo diría que es imprescindible para ir desarrollando la sociedad y para mejorar las condiciones de vida.

¿Le damos la suficiente importancia?

Hacemos reuniones entre investigadoras y muchas veces hablamos de ello. Entendemos que no se le da la importancia que debería. Si no me equivoco, en España sólo se destina a investigación alrededor del 1,2% del presupuesto total. En Euskadi se pone algo más (1,85% de media, 2,38% en Gipuzkoa), pero no es suficiente. Hay que tener en cuenta que nuestras investigaciones redundan en beneficio de la sociedad. La sabiduría y el conocimiento es fundamental para una sociedad desarrollada. En otros países se da un mayor impulso al ámbito de la investigación. Para mí ha sido un reto no salir del Estado para poder seguir desarrollando mi trabajo, estuve a punto de marcharme al extranjero. Las investigadoras no estamos suficientemente valoradas. En eso tiene mucho que ver que mucha gente no sepa para qué sirve nuestro trabajo. Es una cuestión de educación.

Aunque no esté suficientemente valorado, ser la responsable de una investigación de este tipo tiene mucha relevancia.

Es cierto, pero yo no le doy importancia. Para mí sólo es mi trabajo investigar y escribir artículos.

¿Esperabas llegar a donde has llegado?

Para mí era un sueño. Todo lo que he hecho hasta ahora, ha sido para llegar aquí, pero sabía que era muy difícil. Además, ha sido una sorpresa disfrutar tanto con lo que hago. En la carrera y e el doctorado aprendí mucho sobre esto y sabía que me iba a gustar, pero disfrutar tanto… Mucha gente me pregunta cuándo voy a ir a una empresa privada a ganar más dinero, pero las investigaciones que hago ahora me dan mucha más libertad, y eso es muy enriquecedor para mí. Eso no lo tendría en una empresa privada, y no todo es dinero.

El camino hasta aquí ha sido largo, cuéntanos.

Estudié en el colegio Presentación de María de Urnieta hasta el curso 6. Después hice la secundaria en Salesianos y el bachillerato en Aita Barandiaran de San Sebastián, ya que quería dar otro salto en mi nivel de inglés y allí se hacían los estudios en tres idiomas.

Una vez llegado el momento de ir a la universidad, me fui a Barcelona a estudiar Biología Humana a la Universidad Pompeu Fabra, lo que hoy en día sería un grado de biomedicina. Para mí era una oportunidad inmejorable, ya que me gustaba mucho la medicina, pero no quería trabajar como médico. Así, tuve la oportunidad de aprender todo sobre el cuerpo humano pero orientado a la investigación. La carrera era de 5 años, pero yo hice la mitad del último curso en Toronto (Canadá).

Y luego, máster y doctorado.

Una vez terminada la carrera sabía que para trabajar en investigación necesitaba un máster y una tesis doctoral. El Máster en Investigación Biomédica lo hice en la Universidad de Barcelona gracias a una beca de La Caixa y el doctorado lo hice en la Pompeu Fabra con una beca del Gobierno Vasco. Pasé 5 años realizando el doctorado sobre el cáncer de colon.

A pesar de que llevas muchos años fuera no te olvidas de Urnieta.

Yo soy urnietarra, tengo aquí a mi familia y amigos, y vuelvo a visitarles cada vez que puedo. Siempre que me preguntan digo que soy de Urnieta, y les pido que lo escriban bien ja, ja, ja.

¿Cómo imaginas el futuro?

Ahora estoy centrada en llevar a cabo esta investigación. Si pongo la mirada más adelante, no pienso en ir fuera. Hubo una época en la que valoré ir a Estados Unidos, pero la competencia que hay allí no es sana, y creo que no habría disfrutado. Lo mejor para mí sería volver cerca de Urnieta, por ejemplo a Donostia. La cuestión es que aunque aquí se hacen muchas cosas bien, en el campo de la biomedicina falta un poco, pero quién sabe.

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